viernes, 15 de abril de 2016

7. LÓPEZ-DÓRIGA



Me propongo relatar la historia de un apellido de importantísima relevancia para la historia del ciclismo español. Un apellido de Cántabria, de Santander para ser más concretos, que pese a que desarrolló la mayor parte de su “labor” ciclista desde esa región, fue responsable principal de la internacionalización y engrandecimiento de todo nuestro ciclismo. Cuando se hace historia del ciclismo en España, temática que parece volver a estar de moda en la actualidad, surgen muchas referencias y homenajes a determinadas figuras de éxito, en forma de corredores en la mayor parte de los casos. También van apareciendo algunos trabajos impresos que recuperan la historia, más o menos larga, de determinados equipos o grupos deportivos que cosecharon éxitos durante algunas décadas. Y afortunadamente, surgen en algunos casos, personas con maña para la escritura, que se ocupan en recuperar algunas historias personales que no merecen quedar en el anonimato. En este caso los hechos justifican el relato, éste y mucho más que haría falta, para impartir algo de justicia ante una familia concreta de amantes del ciclismo, que dedicaron su vida a tirar de él, a construirle, estructurarle y encaramarle a posiciones dignas en el panorama internacional. Todo ello quizás, cuando más falta hacía, y cuando las dificultades físicas, políticas, económicas y sociales de nuestro país, más obstáculos planteaban. No estoy muy seguro de que todos los asuntos que pretendo recopilar aquí, pertenezcan a la misma familia o no. Tengo la sospecha de que así es, pero no he conseguido las certezas suficientes como para “emparentar”, de forma clara y precisa, a los primeros protagonistas que mencionaré, con una segunda oleada de actores, los cuales, estos sí, formaban parte de una misma unidad familiar. Esta laguna no me importa demasiado, unos y otros desempeñaron un papel clave para nuestro ciclismo deportivo. Una función que creo necesario recordar, difundir y homenajear. Sé que a todas aquellas personas con un mínimo de interés por la historia del ciclismo español y de la Vuelta, el apellido López-Dóriga les sonará. Lo que quizá desconozcan son todos los prolegómenos que la historia de este apellido escribió, así como las posteriores acciones de apoyo e internacionalización hacia algunas de nuestras principales estrellas de la carretera. Quizás los próximos párrafos sirvan para que los lectores descubran interesantes personajes que fueron piezas clave en la dinamización de este deporte, así como algunas anécdotas curiosas y románticas de unos inicios entusiastas en los que las ganas de emprender proyectos deportivos consiguieron superar un punto de partida bastante desvalido.

López-Dóriga fue un apellido ligado al desarrollo económico de Cantabria a lo largo de todo el siglo XIX. Daba nombre a una gran familia, o grupo de familias, de gran riqueza e importantísima y variada actividad, además de amplia propiedad industrial y empresarial, que aglutinaba un buen cúmulo de negocios relacionados con la minería, los ferrocarriles, las navieras, los bancos, el comercio, la industria, etc. A lo largo de aquel siglo, su poderío fue creciendo y diversificándose, al igual que el árbol genealógico, en el que parece ser que bastantes matrimonios tenían en cuenta las consecuencias empresariales de su celebración a la hora de decidirse. Tal estratégico planteamiento de evolución familiar produjo enlaces con otras significadas familias capitalistas, así como entre varias ramificaciones procedentes del tronco común López-Dóriga. El rastreo de todo ello no es fácil porque las derivaciones son múltiples y porque requerirían la intervención de un experto en genealogía. Además, no es un asunto que interese para la temática que aquí nos traemos entre manos. Y de todas formas, tampoco sería tarea fácil, adjudicar, una vez conseguido un esquema fiable de tan complejo arbolado familiar, los hechos ciclistas conocidos a las personas que hubieran aparecido en dicho esquema. Por lo tanto, los parentescos de los primeros personajes que van a aparecer en nuestra narración, no están confirmados y precisados con quienes vendrán luego. Aunque parece inevitable pensar que alguna proximidad debía de haber, al parecer, unos y otros, gente de posibles, habitantes de una misma área geográfica, en tiempos de mucha menor población, con una afición común tan novedosa y compartiendo un apellido que parecía crecer desde un fuerte núcleo original.

El primer López-Dóriga “ciclista” del que tenemos noticia en Cantabria se llamaba Luís, apodado “Semi-racer” (que como muchos sabrán era una de las categorías en las que los franceses clasificaban a los diferentes tipos de corredores en las épocas pioneras del velocipedismo de competición). Fue una figura local que, además de unirse a algunas de las excursiones con las que empezaba la actividad ciclista cántabra en la década de los ochenta del Siglo XIX, tomaba parte en las primeras carreras de velocípedos que se celebraron la pista de La Albericia desde 1887. De hecho, llegó a ganar alguna, aunque son otros los nombres que sonaban más frecuentemente en los primeros lugares de las clasificaciones. Lo que si constituyó noticia destacada de la época, fue que  “Semi-racer” apareciera por Santander, un día de octubre de 1889, pedaleando sobre su velocípedo, procedente de Valladolid, tras una viaje de 44 horas, de las cuales 8 fueron empleadas por el ciclista para pernoctar en Reinosa. Las referencias a este personaje desaparecen enseguida tras su papel como corredor o colaborador (“starter”, juez, etc.) en algunas pruebas regionales. Sin embargo, poco tiempo después, otro (o quizás el mismo Luís López-Dóriga) ostentó de forma efímera (tan sólo en el año 1903) el cargo de alcalde de Santander, en el momento en el que la ciudad fue sede de llegada del desafío ciclista Bilbao-Santander, en disputa por equipos de la primera (y única) Copa Vasco-Cantábrica. Cuentan las crónicas de la época que aquel alcalde (aquel López-Dóriga) puso todas las facilidades municipales necesarias para una adecuada celebración del evento, y demostró especial interés por su desarrollo y desenlace, el mismo día de la carrera, adelantándose en coche desde la llegada en la capital hasta varios kilómetros antes, para poder anticipar noticias de lo que estaba aconteciendo desde el punto de vista deportivo. ¿Pudo ser alguno de ellos (o los dos en uno) el mismo Luís López-Dóriga propietario del tercer automóvil matriculado de la historia de Cantabria? ¿Aquel que formó parte, como vicepresidente, de la primera junta directiva del Real Club Automovilista Montañés, fundado en 1910?. Las dudas parecen más que razonables por las coincidencias de fechas y porque el presidente de aquel club fue Don Alberto Corral, uno de los escasos aficionados al velocípedo a finales del siglo anterior, y artífice de aquella comentada pista de carreras de La Albericia.

De lo que si podemos estar seguros es de que la nutrida lista de protagonistas del ciclismo de la que vamos a dar cuanta a partir de ahora, procede toda ella de una misma unidad familiar. Todos sus integrantes fueron hijos de un mismo matrimonio entre sendos parientes López-Dóriga: Victoriano López-Dóriga Sañudo y su sobrina Matilde López-Dóriga López-Dóriga, por lo que sus hijos llevaban repetido (hasta tres veces) el apellido López-Dóriga. Don Victoriano fue un hombre de negocios de importancia, una referencia muy conocida en Santander, heredero de destacadas y variadas empresas y que se mantuvo activo y emprendedor en su mantenimiento y crecimiento. No nos cabe duda de que el deporte era algo hacia lo que sentía gran interés, porque su presencia se encuentra, a través de noticias y documentos de la época, vinculada a la organización de eventos y a la fundación y puesta en marcha de los grandes clubes deportivos que nacieron en aquellos tiempos. En cualquier caso, “su pasión” deportiva fue la vela. De hecho fue el primer presidente (real y en funciones, pues el puesto honorífico lo ostentaba el Rey Alfonso XIII) de la Federación Española de Clubs Náuticos (embrión de la futura Federación Española de Vela) en 1906. Sobre él hay muchas referencias acerca de su habilidad como balandrista y sobre la herencia dejada como promotor de regatas y acciones de dinamización de la vela a nivel nacional e internacional. En lo que al ciclismo se refiere, pese a no ser practicante, fue el padre de varios ilustres protagonistas de la historia del mismo en nuestro país, y aparece constantemente como colaborador, apoyo y patrocinador, de las incontables propuestas promovidas por sus hijos.

Astilleros de San Martín (Santander), Victoriano López-Dóriga junto a “El Avispa” (después “Luz”). (Imagen: González-Echegaray, R.: “Crónica del Real Club Marítimo de Santander”).

El “Mariposa” de Victoriano López-Dóriga. (Imagen: González-Echegaray, R.: “Crónica del Real Club Marítimo de Santander”).

Y precisamente de sus hijos nos interesan cuatro: Miguel, Alfredo, Clemente y Ricardo. De los que pasamos a dar cuenta ahora mismo, comenzando por el mayor de ellos. Miguel López-Dóriga López-Dóriga debuta como ciclista (ya en una bicicleta convencional adquirida en el extranjero) en 1902, en una carrera por carretera disputada sobre recorrido Santander-Solares, a la que se añadía un breve tramo posterior hasta La Cavada, ya fuera de competición. Precisamente su padre (Don Victoriano), seguramente en apoyo a la afición de su hijo, donó premios para aquel evento. De Miguel se escribió que, como su padre, era una figura menuda y ligera, y que su punto más fuerte eran los ascensos. En 1903 fue uno de los cuatro cántabros seleccionados para participar, en representación de la provincia santanderina, en el desafío Bilbao-Santander (Copa Vasco-Cantábrica), prueba en la que llegó en segunda posición (tras una curiosa pugna de colaboración-ataque con Beraza). Los pormenores de aquella singular competición los he descrito en un pequeño libro dedicado específicamente a aquel evento, por lo que los paso ahora por encima. De todas formas, de nuevo hay que mencionar aquí a su padre, que generosamente puso sus carruajes a disposición de los organizadores del evento, para dar servicio de recogida y traslado a los competidores, cuando llegaban exhaustos a la capital cántabra.

La revisión de las crónicas de la época nos muestra una presencia algo curiosa de Miguel en las carreras. Cuando estaba, brillaba y peleaba por delante, pero durante algunos lapsos de tiempo parece desparecer. Esto quizá pudiera ser debido a sus estancias de estudio en el extranjero, pero no tengo la seguridad total de que esa fuera la causa. De todas formas, su “carrera ciclista” no parece larga, probablemente por ser una persona de inquietudes variadas y destacar también (y notablemente) en el mundo de la navegación a vela y como consumado ajedrecista. Pero que el ciclismo le apasionaba quedó del todo claro, pues se mantuvo toda su vida organizando eventos y apoyando los promovidos por otros. En 1905 formó parte, como vocal, de la junta directiva del Club Ciclista Santanderino (de vida efímera pero productiva), participando activamente como organizador, jurado y donante de premios y copas. También fue presidente de la Sociedad Sportiva. En 1910 fue miembro del jurado de una prueba nacional (Santander-Hoznayo) en la que tomó parte Vicente Blanco (“El Cojo”), que hizo segundo. La mítica carrera “Circuito del Sardinero”, que se celebró durante muchos años en formato de 7 vueltas a un circuito con rampas de importancia, llevaba una copa con su nombre como premio principal. Pero su acción más destacada como organizador, fue, sin duda, la dirección de todo el montaje que supuso la celebración, en 1919, del Campeonato de España de Fondo sobre recorrido Santander-Laredo-Santander. El evento parece que resultó todo un éxito, por lo que a nuestro protagonista no se le quitaron las ganas de seguir vinculado a aquel tipo de actividades. Por ejemplo, al año siguiente dirigía (desde su coche) la caravana provincial de la Fiesta del Motor y del Pedal, y en 1923 ejercía de jurado de llegada en Santander, para la impresionante prueba internacional Madrid-Santander, a la que pronto volveremos. Queda claro que Miguel tuvo un papel muy notorio dentro del desarrollo del ciclismo en Cantabria, algo especialmente meritorio teniendo en cuenta que entre tanto, participaba activamente en numerosas regatas a vela. Aquella otra modalidad sería eje fundamental de su vida, pues a ella le dedicó muchísimo tiempo, no únicamente como deportista y hombre de club, sino también como diseñador de barcos. Ejemplo de ello fue uno construido en 1914, del que se harían varias réplicas en la ciudad; así como su victoria en un concurso de diseño para la creación de un modelo de barco deportivo y económico “de clase”, convocado por el Sporting de Bilbao.

Miguel López-Dóriga. (Imagen: González Ruiz, A.: “Cantabria ciclista: 100 años de gloria 1895-1995”).

También de Miguel podríamos señalar que fue el mayor de los hermanos, y por tanto, el que antes se inició en aquello del ciclismo y, probablemente, el responsable de inocular la pasión, voluntaria o involuntariamente,  en sus hermanos. Y eso nos lleva hasta Alfredo, del que poco se puede contar, por el simple y triste hecho de que murió tempranamente a consecuencia de un accidente ciclista. El siniestro se produjo descendiendo la cuesta de La Pajosa en dirección a Torrelavega. No es fácil encontrar detalles de aquel hecho, pero sí alguna consecuencia. La principal, que la familia (Victoriano y Matilde) prohibieran a partir de entonces, al resto de sus hijos, dedicarse al pujante deporte de las dos ruedas. Aquello explica que los dos siguientes hermanos, Clemente y Ricardo, se iniciaran a escondidas y utilizando para ello sendos apodos: “Lapize” y “Lapize II”.

Y con el primero de ellos vamos ahora, con Clemente, verdadero punto neurálgico de este “monográfico” y pieza clave de la historia del ciclismo internacional en tiempos heroicos. Pero para ir por partes será mejor comenzar por su carrera como ciclista, la cual comenzó en el año 1913, debutando en las 7 vueltas de aquel “Circuito Sardinero” que apadrinaba su hermano mayor. Allí, “Lapize” se marcó un prometedor tercer puesto que tendría continuidad en 1914 con un segundo en el Campeonato de Invierno, una caída en Astillero y un quinto en el campeonato Regional. En 1915 gana su primer título regional de velocidad sobre 500 metros ante Torcida (excelente ciclista que dominaría las pruebas provinciales alguna temporada antes de pasarse a las motos). Clemente, en 1916, estuvo muy activo alternando segundos y terceros puestos en carreras medias y largas (hasta los 125 km, con el puerto de Alisas incluido, de la II Vuelta a Santander) la mayoría de las cuales ganaba Torcida. Incluso ya ejerció de organizador (con el coche de su padre) en una prueba Santander-Laredo-Santander. A partir de 1917, ante la mencionada retirada de Torcida, surge la que sería una tremenda rivalidad entre Clemente y Valeriano Bárcena, a quién apodaban “el droguero”, por su nombre y por regentar una farmacia en la ciudad. Aquella pugna duraría varios años con episodios de encarnizada lucha sobre los pedales, en la prensa, ante los comités, de palabra e incluso proyectada por medio de sus respectivos seguidores en los bares y tertulias. Durante los años 1917 y 1918, ambos se infringieron derrotas mutuamente en multitud de carreras por Cantabria y Castilla la Vieja (por cierto que a Clemente se le daba muy bien el campeonato castellano pues lo ganó en dos ocasiones). De todas formas, a partir de 1918 apareció por la región un ciclista que quedaría por delante de los dos perennes enemigos, dejándoles las migajas del “cajón” de vencedores. Se trataba de Victorino Otero, quién con rotundidad, demostraba un nivel claramente superior, que entre otras cosas, aquel mismo año, le llevó a vencer (fuera de concurso) el campeonato provincial en el recorrido Santander-Santoña-Santander sobre 100 km, la III Vuelta a Santander y el Circuito del Sardinero. Otero era leonés y residente reciente en Francia, pero acudió a Cantabria para cumplir con el servicio militar y aprovechó inicialmente su estancia para competir. Entre tanto, Clemente batía a Bárcena en un nuevo 500 m de velocidad y las polémicas seguían su curso habitual con cruces de declaraciones en prensa y apuestas incluidas. Tal era así la tensión, que se planteó un mano a mano “definitivo” en el Sardinero, jugándose 200 pesetas cada uno. Entonces ganó Clemente con 1h 39’ y 30”, aventajando al “Droguero” en 3 minutos.

Aunque en 1919 Clemente continuaba dando muestras de ser un buen ciclista (volvía a ganar el Campeonato de Castilla y lograba un 4º puesto en el de España), era perfectamente consciente de que su amigo Otero parecía un deportista de otra clase, y en plena carrera nacional Santander-Reinosa-Santander, López-Dóriga le cedía su propia bicicleta, ante una avería de la del leonés. Aquel hecho desencadenó una situación que marcaría la evolución del ciclismo cántabro durante unos cuantos años posteriores, pues Otero consiguió situarse en cabeza y cuando estaba a punto de ganar, fue derribado por parte de sus dos perseguidores en una maniobra más que cuestionable. Tras la caída, Otero entró tercero y reclamó. Días después, el jurado de la prueba lo dio por vencedor, pero la Unión Velocipédica Española no ratificó aquella decisión, por lo que surgió un conflicto entre entidades (UVE y Unión Ciclo Motorista Santanderina) que duraría varios años y supondría un veto central para la celebración de pruebas de carácter nacional en Cantabria, el reconocimiento del principal club, etc.

Clemente López-Dóriga como ciclista. (Imagen: Sánchez González, F.: “Archivo Deportivo de Santabder. Tomo I).

Victorino Otero en 1918 con uniforme militar. (Imagen. Familia Otero / Diario Montañés).

Sin embargo, las relaciones con otras provincias seguían siendo excelentes. En especial con Burgos, que envió una embajada de ciclistas a Cantabria a la que se le brindó una larga estancia plagada de actividades, todo ello organizado por el propio Clemente en 1920. Al año siguiente, él mismo fue nombrado presidente del club Amistad Ciclo Sport (después Peñacastillo Ciclo Sport), creado para eludir la sanción española a la UCMS. Aún ganaría alguna carrera, aunque ya participaba mucho menos. Para entonces sus intereses y motivaciones ciclistas se encaminaban hacia otros objetivos, más relacionados con la organización de eventos y el crecimiento deportivo de la modalidad. En 1922, mientras Otero cubría un calendario deportivo francés, Clemente organizaba la VI Vuelta a Santander, ya de 146 km e incluyendo dos puertos: Alisas y el Asón. En 1923, configuró un plan integral de: entrenamiento, competición y financiación (a base de rifas, loterías, suscripciones populares, etc.), con la intención de enviar a Otero a participar en el Tour de Francia. Gracias al cuarto puesto del leonés en la Volta a Cataluña, se sucedieron fiestas, reportajes de prensa y homenajes en los que Clemente ejercía un evidente rol promotor. Finalmente se consiguió el objetivo y Otero pudo participar en el Tour, aunque en la 3ª etapa debió retirarse por la rotura de la horquilla de su bicicleta. Paralelamente, Clemente, ya lanzado en su nuevo papel, co-organizó (con otros promotores de otras provincias) la Carrera Internacional Madrid-Santander. La prueba constaba de dos etapas: Madrid-Valladolid y Valladolid-Santander, un total de 449,5 km y una envidiable dotación de premios. Se consiguió la participación de un excelente plantel de estrellas internacionales, entre las que podemos destacar a Franz, Binda o Leducq. Victorino Otero fue el primer español clasificado (9º) en la primera etapa y el 10º (segundo español) en la general final.

Clemente ejercía también de periodista para “El Pueblo Cántabro” relatando las etapas del Tour. Con el “Heraldo de Madrid” idea la creación de la Vuelta a España, aunque aún no llegaron a materializarla. Y ante una renovación completa de la Unión Velocipédica Española, entró a formar parte de la misma dentro del comité técnico. Así pues, en 1923 Clemente López-Dóriga se había convertido ya en un agente importante y polifacético del ciclismo nacional y con cierto contacto con el internacional. Gracias a las subscripciones populares, el fútbol benéfico y las derramas de varios clubes deportivos, consiguió financiar la 2ª participación de Otero en el Tour de Francia de 1924. Es más, Clemente se trasladó allí con su automóvil Samson con la intención de cubrirle la asistencia, pero ante la denuncia de alguno de los corredores profesionales (los únicos que tenían derecho a tales privilegios), Henri Desgrange se lo prohibió y les mantuvo vigilados. Ante tal situación Clemente se quedó en posición de aficionado turista, observando de lejos los acontecimientos. Menos mal, porque al llegar la carrera a Bayona, Otero rompió gravemente su bicicleta. Pero afortunadamente andaba por allí Don Victoriano López-Dóriga, que se había desplazado con su otro hijo Ricardo para ver pasar la prueba y saludar a Clemente y al propio Otero, y fue él quien se encargó de pagar las piezas y arreglos necesarios, cubrir los gastos de la estancia y hasta darle al ciclista un considerable donativo para continuar. Finalmente Otero consiguió terminar el Tour (15 etapas y 5500 km), siendo, junto con Janer (ese mismo año), uno de los dos primeros españoles de la historia en conseguirlo. Ante tan notorio resultado, los tres hermanos López-Dóriga formaron parte preferente de una comisión organizadora, creada para recaudar dinero y promover homenajes con los que recompensar al corredor que, ya desde hacía tiempo, había sido adoptado por Cantabria como ahijado suyo.

Victorino Otero tras una carrera. (Imagen: Sánchez González, F.: “Archivo Deportivo de Santabder. Tomo I).

De izquierda a derecha: Fco. G. Ubieta (La Gaceta del Norte), Jacinto Miquelarena (Excelsior y ABC), Victoriano López-Dóriga, Victorino Otero y Ricardo López-Dóriga, en Bayona en un día de descanso del Tour de 1924. (Imagen: Neila Majada, A.: “Vicente Trueba Pérez. La Pulga de Torrelavega”).

Poco después, Vicente Trueba hace su aparición como ciclista allá por 1925, a la vez que Enrique San Emeterio, pasando ambos rápidamente de “neófitos” a corredores de “3ª Categoría”. Los miembros de la familia Trueba mantuvieron una interesante pugna deportiva con los hermanos Sierra. Una consecuencia trágica de aquella estimulante competitividad, fue el fallecimiento de Pepe Sierra como consecuencia de un golpe sufrido en la cabeza, al caerse durante un descenso en la Braguía persiguiendo a Vicente Trueba, que acabó ganando aquella funesta carrera. Aquel año, en la I Vuelta a Cantabria (489 km en dos etapas, con una jornada intermedia de descanso) participaron José y Vicente Trueba, y finalizaron sin especial brillantez dentro de un grupo bastante nutrido de corredores de la mejor calidad nacional (Monteys (1º), Loroño (5º), Otero (9º)…). A la segunda edición se sumaría Cañardo (1º), repetirían Juan de Juan (2º) y Otero (3º), luchando con otros ilustres como Telmo García, Ricardo Montero, Cepeda, etc. Aquellos años, hasta 1930, sirvieron a Clemente para percatarse de que con los hermanos Trueba (y Vicente en especial) surgía un talento ciclista muy exclusivo.

I Vuelta a Cantabria (1925) a su paso por Espinosa de Loa Monteros. (Imagen: González Ruiz, A.: “Cantabria ciclista: 100 años de gloria 1895-1995).

En 1930 Clemente se centró en conseguir la participación de los dos hermanos Trueba en el Tour de Francia, tal y como anteriormente había hecho con Otero. Creía ciegamente en las opciones de futuro de Vicente y le propuso un completo plan de preparación con un nutrido calendario de carreras. Ese año, él mismo organizó la V Vuelta a Santander en un formato aún más exigente: 186 km, y se las arregló para que el plantel de participantes fuera del más alto nivel nacional. Ganó Cañardo y Vicente se adjudicó el tercer puesto. El Tour se celebraba por primera vez en formato de equipos nacionales, y en el español, Vicente enseguida obtuvo hueco propuesto por Clemente. Sin embargo la inclusión de Pepe Trueba se logró in-extremis tras descartes y algunos líos de intereses. La jugada valió la pena porque ambos acabaron la prueba y Vicente dio mucho espectáculo, despertando el interés de Henri Desgrange por su figura. Precisamente sería aquel año cuando “el patrón” le bautizó como “La Pulga de Torrelavega”. La amistad y relación entre Vicente y Clemente se fue fortaleciendo, y el flamante deportista regresó a Santander, tras un largo periplo de homenajes y carreras, en el coche de López-Dóriga. Sin embargo, al año siguiente no hubo participación española en Tour. Desgrange andaba muy cabreado con determinados comportamientos de la delegación nacional, con desplantes y con las incertidumbres propiciadas por una clara guerra de intereses hispanos por conseguir plaza para unos u otros corredores. El francés cortó por lo sano y dio paso al equipo suizo en sustitución del español. Ese año Clemente organizó varias carreras entre las que destacaron un campeonato regional en formato CRI de 100 km, la Subida al Escudo, la Subida a Alisas y el Campeonato Escolar del Diario Montañés. Pero, aprovechando su función de corresponsal en el Tour de Francia, fue entablando cada vez más y mejor relación con HD y acabó consiguiendo de nuevo plaza para Vicente Trueba en los Tours del 32 y del 33. En el del 32 tuvo que ser como “Isolé” (sin formar parte de ningún equipo nacional). Pero ahí estaba Clemente ejerciendo de cronista y dando cobertura consejera, táctica, mecánica y demás, a partir del paso por los Pirineos; además de ahondar en una importante labor diplomática con HD, gracias a la cual, el flujo de participación de los corredores españoles en la ronda francesa se volvería a abrir al año siguiente.

El Tour de 1933 fue aquel en el que Vicente Trueba se coronó oficialmente como Rey de la Montaña y acabó 6º en la general. Clemente recibió cartas abundantes del corredor, hizo de cronista deportivo y se personó para asistirlo y asesorarlo desde el paso por Perpignan. En sus escritos de prensa defendía al cántabro ante cualquier ataque público. Y esta labor también continuó en la edición de 1934.

Clemente López-Dóriga y Vicente Trueba en el Patio de los Naranjos de la Generalitat de Cataluña tras regresar de la disputa del Tour de Francia de 1932. (Imagen: Neila Majada, A.: “Vicente Trueba Pérez. La Pulga de Torrelavega”).

Vicente Trueba y Clemente López-Dóriga junto a dos periodistas de la época. (Imagen: Neila Majada, A.: “Vicente Trueba Pérez. La Pulga de Torrelavega”).

Una crónica sobre Vicente Trueba firmada por Clemente López-Dóriga. (Imagen: Neila Majada, A.: “Vicente Trueba Pérez. La Pulga de Torrelavega”).

Clemente López-Dóriga con Vicente Trueba. (Imagen: Diario Montañés).

Pero la labor de Clemente seguía fluyendo y generando actividad en diversos frentes, y el de la organización de eventos no sólo no se veía mermado, sino que acabó dando un paso enorme, un avance histórico para el ciclismo mundial. En 1935 nacía con él, de la mano de Juan Pujol como representante del diario “Informaciones” y de César Regulez, la I Vuelta a España, en la que el maillot de líder lucía el color naranja, en correspondencia al del papel de las hojas de aquel periódico. Clemente sería también conocido, a partir de entonces, como el Henri Desgrange Español. Para aquella primera edición se consiguió el apoyo de bastantes marcas nacionales de fábricas de bicicletas que formaron equipos de corredores españoles, algunos reforzados por extranjeros. BH, Orbea y la madrileña Candelas fueron algunas de aquellas fábricas representadas. Poner en marcha la Vuelta no fue tarea fácil, se debió a un largo peregrinaje en el que nuestro protagonista trataba de convencer a unos y otros sobre la viabilidad, interés y valor de un evento de tales características. La mayor parte de los interlocutores se mostraron totalmente escépticos e incluso muy críticos. Las principales pegas aducidas eran el mal estado de las carreteras y la falta de infraestructuras hoteleras y de otro tipo al paso por “provincias”. Pero López-Dóriga perseveró, y tuvo la paciencia y el ímpetu suficientes como para esperar la ocasión propicia, y la capacidad organizativa necesaria para implementar tan complejo reto. Clemente repitió funciones organizativas en la siguiente edición de la Vuelta en 1936, aunque después la carrera desapareció a causa de la guerra. De todas formas López-Dóriga volvió a formar parte de su organización en las ediciones de 1942, 1945, 1946, 1947, 1948 y 1950. Las últimas cinco ocasiones con el diario “Ya” como patrocinador.

Portada del diario “As” con fotos de la primera etapa de la I Vuelta a España. En la imagen, Amberg corona escapado el Alto del León. Quizá Clemente iba en ese descapotable que controla la prueba. (Imagen: diario “As”).

Información de la I Vuelta aportada por el diario “As”. (Imagen: diario “As”).

Su vocación promotora y su gran visión del desarrollo de este deporte quedaron igualmente expresadas con la organización de pruebas internacionales como la Madrid-Lisboa (1939), el Campeonato de España por Regiones (1940) y la Madrid-Oporto. En 1940 fue nombrado Vicepresidente Primero de la Unión Velocipédica Española por parte del Comité Olímpico Español. Y por si tan diversa dedicación pareciera incompleta, hay que señalar que llegó incluso a ser seleccionador nacional. Lamentablemente Clemente murió relativamente pronto (en el 57). La UVE primero, le concedió la Medalla de Oro al Mérito Ciclista, ratificada años después por la Federación Española de Ciclismo con su Medalla de Oro. Aún así, todavía a última hora tuvo tiempo de dejarnos algo más, pues fue uno de los creadores de algo tan cercano y tan brillante hasta hace poco, como el  Circuito Montañés.

Clemente López-Dóriga, en 1954, con dos de sus “ahijados”: Adolfo cruz y Julio San Emeterio en el Criterium de Ases celebrado en Madrid. (Imagen: González Ruiz, A.: “Cantabria ciclista: 100 años de gloria 1895-1995).

Y ahora nos toca referirnos al tercer hermano de la dinastía ciclista, Ricardo, también conocido inicialmente, como “Lapize II”. La de Octave Lapize, parece que fue una influencia importante en la época, ya que además de los dos hermanos López-Dóriga, otra persona muy cercana a Clemente, el periodista deportivo y colaborador organizativo Julian Merino, firmaba crónicas con el mismo seudónimo. En realidad el auténtico Lapize únicamente logró terminar uno de los cinco Tours en los que participó, el de 1910. Eso sí, lo ganó, y fue  en aquella mítica edición en la que se pasó por primera vez por el Tourmalet. En cualquier caso Lapize fue un gran ciclista, cuatro veces Campeón de Francia (3 como profesional y una amateur) y vencedor en la Paris-Roubaix en tres ediciones consecutivas. También fue “recordman” de la hora y medalla de bronce olímpica en 1908. Pero volviendo a nuestro “Lapize II”, Ricardo López-Dóriga, podemos señalar que debutaba como ciclista en 1914, en una carrera Santander-Reinosa-Santander, clasificándose 5º en la categoría de “neófitos”. Por alguna razón, la prueba se repitió pocos días después, y en aquella segunda ocasión consiguió ganarla. En 1917, siguiendo la estela marcada por sus hermanos mayores, también decidió abrirse camino en el mundo de la gestión deportiva, la promoción y la organización. Eso es lo que diríamos ahora, pero tal y como eran las cosas entonces, creo que sería más justo y acertado afirmar que lo que hizo, al igual que los otros dos, fue asumir mayores responsabilidades respecto a su deporte. Resulta que aquel año surgió la propuesta de un cambio de nombre en la Unión Ciclista Santanderina, para que ésta hiciera un hueco a los motoristas. Hay que recordar que motocicletas y coches, al fin y al cabo, fueron las evoluciones motorizadas de las máquinas de desplazamiento autónomo, las cuales habían causado sensación con la aparición previa de las bicicletas, y que fueron muchos los aficionados al pedal que posteriormente se fueron pasando a las motos o al automóvil. El nuevo nombre elegido para la entidad fue el de Unión Ciclo Motorista Santanderina, y coincidiendo con la reforma, hubo una renovación de la directiva mediante la cual Ricardo entró a formar parte de la misma como vocal.

Algunas de sus actividades iniciales estuvieron muy relacionadas con las propuestas de sus hermanos mayores. Por ejemplo, en 1922 colaboró con la organización de la IV Vuelta a Santander (prueba creada y dirigida por Clemente), o en el 23 “recuperó”, de la mano de Miguel, la Unión Ciclista Montañesa, que había acabado disolviéndose tras el pasado enfrentamiento con la Unión Velocipédica Española, a raíz de aquellos veredictos cruzados respecto de una carrera de Victorino Otero en 1919. Su hermano Clemente mantenía una buena relación con él y se apoyaban mutuamente. El primero le asignó un puesto de jurado en su “Subida al Escudo” en 1931, y le otorgó la responsabilidad de velar, organizar y coordinar el paso de la I Vuelta a España por Cantabria. De hecho, colaboró con Clemente en todas las ocasiones que aquel formó parte de la organización de la Vuelta, y por ello, y por otros méritos más, recibió, en 1945, la Medalla de Oro al Mérito Ciclista. Antes, en 1939, había ya sido el presidente del Comité Regional (el nº 6) de la Unión Velocipédica Española, lo que durante años fue la entidad predecesora de la actual Federación (la española y sus representaciones provinciales). Precisamente, con dicho cargo, organizó el 38º Campeonato de España de Fondo carretera que se celebró en modalidad contrarreloj sobre 150 km. El resultado de aquella prueba dejó a Andrés Sancho como campeón con un tiempo de 4h 15’ y 4”, que implica una velocidad media de 35,284 km/h (¡con aquellas bicicletas y sobre tan largo recorrido de toboganes!: Santander-Unquera-Santander, por Comillas). Le siguieron en orden de clasificación: Cañardo, Fermín Trueba, Ezquerra y Escuriet.

Al igual que su hermano Clemente, Ricardo también ejerció de periodista deportivo (en ciclismo, vela y otras modalidades) y responsable absoluto de algunas pruebas como el Circuito Castilla-León-Asturias en dos ediciones. Lamentablemente Ricardo murió bastante joven (a los 47 años) por lo que se perdió tempranamente otra activa personalidad para el desarrollo del ciclismo nacional.

Octavie Lapize en 1913. (Imagen: Bibliothèque Nationale de France).

Ricardo López-Dóriga (de paisano), cuando era presidente del comité provincial de la UVE, rodeado por varios ciclistas montañeses: Isidro Bejerano (de Liérganes), José Gutiérrez (de Sarón), Fermín Trueba y Pepín Gándara. (Imagen: Neila Majada, A.: “Vicente Trueba Pérez. La Pulga de Torrelavega”).

Ricardo López-Dóriga en una entrega de premios. (Imagen: González Ruiz, A.: “Cantabria ciclista: 100 años de gloria 1895-1995).

Hasta aquí una modesta y resumida descripción de lo que una familia concreta hizo en y por el ciclismo. Su dedicación produjo un impacto evidente sobre el resto de la historia de este deporte. Inicialmente en la región de Cantabria, pero más adelante también a escala nacional e internacional. Cuando pensamos en las gestas antiguas de los grandes ciclistas de otras épocas siempre apuntamos un redoblado mérito a las mismas imaginando aquellas bicicletas tan pesadas, el terrible estado de las carreteras o pistas y la ausencia o precariedad de los cambios, sistemas de frenado, etc. El mismo ejercicio de valoración hay que aplicar a quienes además de pedalear en el amanecer del ciclismo, se fajaron en la organización de eventos o en la fundación de entidades, pues hay que recordar la ausencia inicial de transporte motorizado, el estado primitivo del servicio telefónico y la abismal diferencia de medios de comunicación disponibles en relación con la actualidad. Pensar en todo lo que estos protagonistas consiguieron poner en marcha, parece una tarea titánica considerando los medios de entonces. El efecto López-Dóriga integró génesis y dinamización ciclista pioneras. También desarrollo y construcción inicial y posterior, tanto en el campo practicante como en el organizativo y fundacional. Su trabajo luchó por abrir fronteras para nuestros deportistas más pujantes y acabó ofreciendo escenarios de competición para el crecimiento de todo nuestro ciclismo. Lo que la afición haya podido dar a cambio de todo esto, lo ignoro, pero sospecho que puede no haber estado a la altura. Hasta hace relativamente poco, y solo a través de un hobby personal poco frecuente y algo marginal, yo mismo he de confesar que poco o nada sabía de los miembros de esta familia o, sobre todo, de sus gestas a favor del ciclismo. Siendo esto así, qué pensar del resto de aficionados actuales del ciclismo… Menos mal que la herencia de las obras humanas no se cuantifica únicamente por la popularidad  masificada (actualmente del todo desvirtuada en formatos de “me-gustas” y otras trivialidades), sino como en este caso, por el crecimiento imparable de un legado que podría no haber existido sin la acción pasada de algunas personas. Si esquematizamos la grandeza del ciclismo español actual hay que mencionar ineludiblemente a la Vuelta, la proliferación de eventos provinciales y los éxitos internacionales de nuestros ciclistas. Y ello, todo ello, fue fuertemente cimentado, por la familia López-Dóriga.

2 comentarios:

  1. Mi felicitación por su blog. Intento localizar alguna foto del ciclista Antonio Maza de Astillero participaba en 1917 carreras en Santander

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  2. Muchas gracias. Por el momento no puedo ayudarte con la búsqueda, pero nunca se sabe, si llega algo a mis manos, me acordaré y te avisaría.

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