jueves, 5 de septiembre de 2013

36. ESPRINTER CUESTA ARRIBA

"Eso se aprende haciendo carreras, a observar la pedalada del de al lado y su mirada también, escrutada durante un segundo para saber si es una sonrisa o una boca tensa por la mueca feroz de una fatiga maldita".

Ugo Riccarrelli ("Un helado para la gloria")

Con quien fuera el esprinter español por antonomasia, Alfonso Gutiérrez, comparto algunos paralelismos, además de la coincidencia del apellido. Su madre (y él mismo) nacieron en Lantueno. Ese pueblo es la localidad vecina de Santiurde de Reinosa. Entre ambas no dista más de un kilómetro y de siempre han compartido la estación de tren, que salomónicamente se encuentra a medio camino entre ambas aldeas. El caso es que mi padre es de Santiurde. Mayor coincidencia aún es el hecho de que nuestros otros dos progenitores, su padre en su caso, y mi madre en el mío, fueran ambos de Pesquera. Mientras su padre corría carreras ciclistas, el mío mantenía el noviazgo con mi madre gracias a su propia bicicleta. Alfonso vivió en el pueblo hasta los dos años de edad, pero a lo largo de toda su infancia y parte de la juventud, pasó todas las vacaciones e innumerables fines de semana en aquel lugar; al igual que me ocurrió a mí con Santiurde. Tal es así que ambos reconocemos que, de recuerdos de la infancia, conservamos probablemente más de los ligados a nuestras respectivas andanzas rurales.

Su vida, especialmente la ciclista, se desarrolló vinculada al río Besaya y su orografía, ya que vivió muchos años en Campuzano y Torrelavega, similares entornos que años después verían crecer a Óscar Freire. Aunque después de todo, se haya visto afincado definitivamente en Santander. Empezó a correr en bicicleta a los 12 años, con una Alfa verde chillón, que le regaló su hermano menor a costa de sus regalos de 1ª Comunión. ¡7000 pesetas, de las de entonces!. No recuerda bien si empezó a correr por él mismo, por su padre o por el pueblo, ya que por aquel entonces, el no era otro que “el ciclista”, es decir el hijo del “ciclista”, pues su padre corría y acumulaba trofeos en épocas aún más clásicas.

A Alfonso lo conozco hace muchos años. Por encontrarnos en las fiestas de Pesquera y charlar, y porque nos conocimos en los cursos de entrenadores de ciclismo. Ya entonces me cayó bien. Es un hombre sano, muy deportista, muy práctico, inteligente y de amena y franca conversación. La verdad es que a los corredores que conozco de su quinta, a todos les gusta hablar y todos son de lo más competentes a la hora de mantener vivas y entretenidas las tertulias. Se ve que tantas horas de viajes, pedaleo y hoteles, les han ido forjando así. Sin embargo hacía bastante que no charlábamos tanto tiempo seguido como el día que he quedado con él para recabar algo más de información sobre él, de cara a redactar esta entrada de blog. Y he de reconocer que la tarde se me hizo corta y que me hubiera encantado haber podido continuar hablando con él más tiempo aún.


Nuestro ciclista de hoy ha sido un gran campeón. Su palmarés no tiene Campeonatos del Mundo ni etapas del Tour, pero desde cadetes hasta su retirada, logró nada más y nada menos que 228 victorias en todo tipo de etapas, carreras y en ocasiones hasta diferentes modalidades. Esto significa haber sido muy bueno, y haberse impuesto en infinidad de sprints. Todo un gran campeón. Militó de chaval en la Sociedad Deportiva de Torrelavega, en cadetes pasó al equipo Babel (de gran renombre nacional por aquel entonces), y en aficionados corrió con el Baqué disputando con gran éxito la Vuelta a Burgos. Ya entonces lo quiso el Reynols, pero él esperó, a causa de sus estudios y ante otra promesa que llegaría a cumplirse, y al final fue Santiesteban (en Laredo), quién a toda prisa montó un equipo casi a su alrededor, que a la postre reunió un gran plantel de cántabros de los que muchos dieron el salto al profesionalismo. En lo profesional se sucedieron 7 años con el Teka, y algunos después con el BH, Paternina y Artiach, hasta completar 12 años de carrera al máximo nivel. Es una historia de ciclista precoz, algo raro en este deporte en el que no es fácil que quienes destaquen en las categorías menores, alcancen gran renombre de mayores (cosas del desarrollo temprano y de las distorsiones entre el desarrollo biológico y el cronológico). Sin embargo él rompió todas las “reglas” proclamándose campeón de España de carretera en las categorías cadete, amateur y profesional, así como en contrarreloj por equipos.

 Foto: Internet.

Imagen: Internet (Marca)

Hasta en ciclo-cross llegó a participar. Cuenta que le tocó vivir la época del estreno del BUP y el COU (una de las múltiples reformas educativas nacionales a las que tan aficionados son nuestros políticos y que tanto nos ha tocado sufrir a los ciudadanos), y que entonces se requería pasar “limpio” de uno a otro, algo que no consiguió en primera instancia. Ante la situación, su padre le entregó un mono azul de trabajo y le puso a barrer y trabajar en un taller (sin sueldo). A los 20 días de vida laboral de “aprendiz de operario”, lo tuvo claro: decidió estudiar y entrenar mucho más, y parte del propósito invernal fue cumplido a través de la modalidad del barro. Como no podía ser de otra manera, su participación ¡y sus valiosos puntos! formaron parte de los que consiguieron que España se alzara con la plata por naciones en un Campeonato del Mundo.

Hasta aquí breves retazos de su vida en datos. Pero con Alfonso es más interesante aún analizar las cosas e intercambiar argumentos. Coincidimos en pensar que el ciclismo de competición, tal y como se concibe en España, no es apto o favorecedor para la aparición o desarrollo de esprinters puros. Es más, casi hasta “asegura” que de haber alguno, éste no “sobreviva”. Las carreras en nuestro país se entienden en forma de etapas con subidas constantes y gran dureza. Si no subes suficientemente bien, no estarás nunca en meta disputando. Por si fuera poco, raras veces se disputan llegadas masivas, salvo ocasionalmente en aficionados o profesionales. De igual forma a los velocistas no se los valora aquí tanto como al resto de especialistas (sobre todo escaladores). Algo muy diferente de lo que ocurre tradicionalmente en Bélgica, Holanda, Italia y algún que otro país. Allí pueden encontrarse velocistas de gran talla corporal, altos y corpulentos, pues no suelen sufrir la criba previa de los desniveles. Según él la historia de los esprinters españoles lo muestra: Poblet, Perurena, el mismo Alfonso, González Salvador, Freire… casi todos ellos han sido corredores ligeros, en especial por no ser altos. Todos ellos han necesitado defenderse suficientemente en la montaña como para poder destacar en los finales. Por si fuera poco la especialidad se valora poquísimo y esto es algo que continua siendo igual en la actualidad. No hay más que ver el tipo de diseño que tiene la Vuelta actual, que busca el espectáculo que gusta al público español (y lo está logrando plenamente en los últimos años), o el hecho de que uno de los escasos esprinters nacionales de éxito como es Ventoso, a día de hoy se encuentre sin contrato, pese a su demostrada capacidad de victorias. Parte de este problema lo sufrió él durante su carrera, pues nunca disfrutó de preparaciones de equipo para el sprint (algo común y muy especializado en otros equipos extranjeros). Como mucho en Teka planteaban la táctica de tirar del pelotón durante la etapa para evitar escapadas y que se llegara al sprint, pero allí, lanzadores, llegadores, protectores… nada de nada. En el resto de equipos en los que militó, menos aún. En fin, un chico de pueblo, con una fuerza descomunal, sólo ante los especialistas extranjeros y sus lugartenientes, tratando de arañar cuanto se pudo.

Disputó tres Tours y dos Campeonatos del Mundo. En el Tour realmente tuvo muy mala suerte, ya que su mejor año sufrió una caída y en otra edición no se llegó al sprint en prácticamente toda la carrera. Pero no se lamenta, su carrera deportiva ha sido completa, enriquecedora y le ha aportado de todo en esta vida. Cuando le pregunté porqué tipo de corredor era de pequeño, me explico que empezó siendo bueno en todo, que ganaba en puertos cortos y que eso le permitió seguir avanzando. Llegado a aficionados ya resultaba evidente que la montaña era un punto débil para él (la selección se iba cristalizando y así mismo la especialización del pelotón), y en profesionales ya quedó completamente ubicado como esprinter. Todo ello refleja el modelo selectivo piramidal de nuestro ciclismo, en el que por regla general y salvo casos “especiales”, van sobreviviendo los más fuertes. Algo completamente alejado con lo que en la opinión de nuestro ciclista debería ser la base de la formación de los ciclistas: la pista. El ciclismo de pista con sus modalidades de diversas distancias y formatos, su piñón fijo, su desarrollo único, su exigencia técnica, etc. sería para Alfonso la mejor escuela, o al menos un complemento formativo indispensable. Lamenta que en España la pista sea casi anecdótica. Él apenas la practicó y sin embargo asegura que con un par de competiciones de varios días a las que asistió y para las que se preparó un poco, aprendió más que algunas temporadas de ciclismo de carretera.

Foto: Internet (Diario Montañés)

También tuvimos tiempo para hablar de material y de las diferencias entre el actual y el de tiempos pasados. Considera que dos son los avances tecnológicos que transformaron verdaderamente el avance tecnológico: la irrupción de los pedales automáticos (su mentalidad de ingeniero quedó plasmada al ser el primer ciclista español en adoptarlos cuando la gran mayoría era reacia por desconfianza) y la combinación del cambio sincronizado con el paso de las palancas a las manetas de frenos. Eso permitió que la cantidad de cambios realizados por el ciclista se multiplicara exponencialmente y ahora se pueda rodar en cada instante con la combinación de desarrollo óptima, mientras que antiguamente en numerosas ocasiones no compensaba o no te podías arriesgar a cambiar de marcha con tanta frecuencia, compensándolo con pura acción de piernas. De hecho, explica la mejora de las velocidades medias de todos los niveles ciclistas (profesionales, amateurs, menores, cicloturistas, etc.) por dos motivos preferentes: esa facilidad inmediata para el cambio de desarrollo, y la ostensible mejora del asfalto de las carreteras. El no es un nostálgico del material, ni mucho menos (el ingeniero aflora de nuevo), es un pragmático y por eso disfruta y se aferra a materiales actuales, más ligeros y avanzados. De las bicicletas que utilizó en el pasado tan sólo hace mención a la Alan, la cual en su día supuso toda una revolución en ligereza, innovación de materiales utilizados y tipo de construcción.
Tras su paso por el profesionalismo abandonó toda vinculación con las estructuras del deporte ciclista. Quiso cerrar una etapa e integrarse en el mundo laboral convencional. En una ocasión ejerció como seleccionador autonómico puntualmente, pero en plan favor. No, sus habilidades sociales, su cultura, tenacidad y responsabilidad le hicieron, buscar, encontrar, conseguir y conservar un buen trabajo al cual aún se dedica. En eso ha demostrado inteligencia y visión. Tanta como en el hecho de haber sido de los pocos ciclistas de su época en haber compaginado su profesión con la finalización de sus estudios universitarios como ingeniero de minas. Señala que fue duro y pesado conseguirlo. No exactamente difícil, sino agotador, especialmente los dos últimos años dedicados a la carrera universitaria que coincidieron con su desempeño profesional. Asegura que se puede, pero que lamentablemente las instituciones académicas no ayudan ni ponen nada de su parte, ni en cuestiones de organización (calendarios, horarios, permisos, etc.), ni académicas (créditos, apoyos, etc.). También esta es otra “pirámide o montaña” que ascender, muy diferente a sistemas como el estadounidense por ejemplo. Su tenacidad en este asunto fue una integración de dos factores importantes en el desarrollo de su carácter: su propia forma de ser y la influencia familiar de sus padres, caracterizada por un estilo sólido, sensato, responsable y no dado a los caprichos ni al proteccionismo modernos. Y hemos podido ver ya detalles del clásico modelo educativo que acostumbraba su familia y que tan cercano me resulta al proceder de la comarca del norte de Reinosa… En eso creo que hemos tenido mucha suerte los dos.

En la actualidad nuestro personaje sigue practicando ciclismo. Lo hace una o dos salidas a la semana (más en verano y menos en invierno). Lo compagina además con otros deportes como el fútbol o el pádel. BTT o carretera, lo que proceda, pero casi siempre con su pandilla de amigos: peligrosa “grupeta”, pues se nutre preferentemente de ex-profesionales de su época (Aedo, Pacheco, Pérez Zabala, etc.). Sólo asisten a cicloturistas si hay un compromiso, pero normalmente salen juntos a su aire e incluso se preparan viajes a otros países y zonas atractivas. Andar, deben andar bien, los que tuvieron retienen… y seguro que a ratos hay piques. Me comentaba que recientemente había gozado de la carretera de Palombera tanto que subió varios kilómetros del final “a plato”. Lo curioso es que cuando le sugiero, por sus comentarios, que a día de hoy parece que le sigue apasionando la práctica del ciclismo, me responde que no, y que en realidad le da mucha pereza salir, que sería más fácil y llevadero si viviera en un pueblo. Digamos pues que es su deporte, sus amigos y la actividad que siempre ha hecho, y que lo que si le gusta es estar en forma. Sin embargo su carrera ha dejado estela en la familia. Dos de sus tres hijos corren en bici, y no lo hacen nada mal. El mayor (universitario como él), anda en ese difuso y difícil mundo que se ubica al borde del profesionalismo. Recientemente un equipo se lo ha llevado a la Vuelta a China, pero su polivalencia poco llamativa (al contrario que los especialistas), la crisis de los equipos y la inundación de ciclistas excesivamente mayores que actualmente son plaga en esas categorías, le están complicando las escasas posibilidades que actualmente hay para dar el salto. En cuanto al otro, el pequeño, debe de ser un pequeño “caníbal”, al parecer ha hecho una excelente temporada cadete este año, ello a pesar de dedicarse al fútbol toda la temporada escolar. Según su padre, este año con el paso a juveniles, ha de decantarse por uno de los dos deportes. Se trata de un buen sprinter, por lo visto es un retrato de su padre en joven, aunque a día de hoy (este verano), en un pique de velocidad entre ambos, el padre ha salido triunfante una vez más. A mí no me extraña nada.

Foto: Internet

El Besaya ha sido, sin duda, parte de esta historia. Su paisaje, sus curvas (especialmente las de entonces, las de la primera carretera ahora desaparecida), su media montaña y la cercanía a la alta montaña. El carácter de las gentes montañesas pero cercanas a las campurrianas. El clima curtidor de personalidades. El hecho de que para salir de Lantueno en bicicleta sólo tengas dos opciones: empezar siempre subiendo o acabar siempre subiendo. Que la actividad ciclista en Campoo estuviera bastante activa en los inicios. Que Torrelavega (“capital del Besaya”) haya sido, de siempre, cuna o hábitat de ciclistas de calidad (Vicente Trueba, los hermanos Díaz Zabala, Óscar Freire, etc.) y punto neurálgico de actividad ciclista deportiva. Para mí la cuenca del Besaya es parte de mi vida, zona de esparcimiento que frecuento y combino con mi hogar costero. Me emociona surcar el verdadero cañón que conforman las Hoces del río, ya sea caminando por los senderos, en bicicleta de montaña por las maravillosas pistas, o rodando en bici o en moto por la propia carretera. Me parece un paisaje impresionante por su belleza, que la única pega que quizá pueda tener es que nos hayamos acostumbrado demasiado a él con ese constante acceder a la Meseta y a Madrid. Me gusta la gente de por allí y me encuentro muy a gusto en sus pueblos. Hasta me baño a veces en alguna de sus pozas. Por lo tanto no me sorprende nada el hecho de que habiendo nacido en Lantueno, un chaval que fuera veloz sobre la bicicleta, acabara siendo un sprinter de fama mundial y de dilatada e impecable carrera profesional. No en vano, tuvo que sobrevivir cuesta arriba.

 Viaducto de Montabliz (cuenca del Besaya)

 Embalse de Alsa (desde el Mediajo Frío)

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